Esta semana tuve una entrevista de evaluación con un aspirante a mi mentoría desde México.
Llevaba algo más de dos años haciendo trading.
Había estudiado.
Tenía experiencia.
Incluso había conseguido retirar algunas ganancias.
Sin embargo, cuando revisamos su proceso apareció un dato que resumía perfectamente su situación.
Había retirado ganancias.
Pero había perdido mucho más de lo que había conseguido ganar.
Era una historia que, lamentablemente, ya había escuchado otras veces.
Así que le hice una pregunta muy sencilla:
– ¿Qué crees que está provocando esas pérdidas tan grandes?
Durante unos segundos guardó silencio.
Y entonces respondió con una sinceridad que pocas veces encuentro en una primera conversación.
– John, después de analizarlo muchas veces, creo que realmente sé hacer trading.
Hizo una pausa.
Y añadió algo que cambió completamente el rumbo de la entrevista.
– El problema es que necesito que el trading sustituya cuanto antes mis ingresos laborales. Mi trabajo aquí es muy temporal y tengo un hijo de cinco años. Me preocupa no tener cómo cubrir los gastos de mi familia.
En ese momento dejé de pensar únicamente como mentor de trading.
Y empecé a pensar como empresario.
Como alguien que también ha sentido la responsabilidad de sostener un proyecto, asumir compromisos y responder por otras personas.
Porque entendí que aquel hombre no estaba buscando hacerse rico.
No soñaba con autos de lujo.
No hablaba de mansiones ni de una vida extravagante.
Solo quería cuidar de su esposa y de su hijo.
Y, precisamente por eso, el mercado se le había convertido en un lugar todavía más difícil.
El mercado no sabe que necesitas dinero
Con el paso de los años he descubierto una realidad que puede parecer dura, pero que todos los traders terminamos enfrentando.
El mercado no sabe que necesitas pagar el colegio de tu hijo.
No sabe que el arriendo vence la próxima semana.
No sabe que tu contrato termina dentro de un mes.
Y, lo más importante, tampoco modifica su comportamiento por ninguna de esas razones.
Las oportunidades aparecen cuando aparecen.
No cuando nosotros las necesitamos.
Y ahí comienza uno de los mayores conflictos emocionales del trading.
Porque nuestras necesidades tienen un calendario.
El mercado no.
Cuando una operación deja de ser una operación
Algo cambia cuando sentimos que una operación debe resolver un problema personal.
Ya no estamos viendo únicamente un gráfico.
Estamos viendo la matrícula del colegio.
La cuota de la hipoteca.
El mercado deja de representar una probabilidad.
Empieza a representar una esperanza.
Y eso modifica completamente la forma de tomar decisiones.
Esperamos más de la operación.
Arriesgamos más de lo habitual.
Entramos donde antes habríamos esperado.
Movemos el stop porque “esta tiene que salir bien”.
Sin darnos cuenta, dejamos de hacer trading.
Empezamos a negociar con nuestras necesidades.
También ocurre en los negocios
Cuando dirigía mi empresa aprendí algo parecido.
Las peores decisiones económicas que tomé nunca ocurrieron cuando había tranquilidad.
Ocurrieron cuando sentía que necesitaba resolver un problema rápidamente.
En esos momentos resulta muy fácil convencerse de que una decisión apresurada es una buena decisión.
Con el tiempo descubrí que la urgencia suele reducir nuestra capacidad para analizar con claridad.
El trading no es diferente.
Las mejores operaciones rara vez nacen de la desesperación
La urgencia cambia nuestra relación con el riesgo
Después de hablar con aquel aspirante comprendí algo que me pareció muy valioso.
Él no tenía un problema técnico.
Tenía un problema de contexto.
Necesitaba que el trading resolviera una situación económica que el propio trading no podía resolver en ese momento.
Y esa presión terminaba apareciendo en cada decisión.
No porque quisiera hacer locuras.
Sino porque necesitaba que las operaciones salieran bien.
Pero el mercado nunca ha premiado la necesidad.
Solo responde a probabilidades.
Una conversación para recordar siempre
Antes de terminar nuestra entrevista le hice una reflexión.
Le dije que quizá el objetivo no debía ser obligar al trading a sustituir cuanto antes sus ingresos.
Quizá el objetivo era construir un proceso tan sólido que algún día pudiera hacerlo sin esa presión.
Son dos caminos completamente distintos.
En el primero, el dinero manda sobre el proceso.
En el segundo, el proceso termina generando el dinero.
Y esa diferencia cambia todo.
Una reflexión final
Después de tantos años acompañando traders he llegado a una conclusión que me acompaña cada vez que hablo con alguien que quiere vivir de los mercados.
Nunca he conocido un trader consistente que operara desde la desesperación.
Sí he conocido muchos que comenzaron con necesidades económicas importantes.
La diferencia es que, en algún momento, entendieron que el mercado no podía cargar con ese peso.
El trading puede convertirse en una extraordinaria fuente de ingresos.
Puede darte libertad.
Puede transformar tu vida.
Pero solo cuando deja de ser la solución urgente para un problema inmediato.
Porque el mercado nunca sabrá cuánto dinero necesitas este mes.
Nunca entenderá por qué esa operación era tan importante para ti.
Y tampoco cambiará su comportamiento para ayudarte.
Lo único que realmente puedes controlar es la calidad de tus decisiones.
Curiosamente, cuando dejas de exigirle al mercado que resuelva tu vida y empiezas a concentrarte en ejecutar correctamente tu proceso, ocurre algo especial.
Las operaciones dejan de cargar el peso de tus necesidades.
Y empiezan, poco a poco, a reflejar la calidad de tu preparación.
Quizá esa sea una de las lecciones más difíciles de aceptar.
Pero también una de las más importantes.
Porque muchas veces el trading comienza a cambiar cuando dejamos de pedirle que resuelva nuestros problemas… y empezamos a asumir la responsabilidad de construir, con paciencia, el camino que algún día podrá hacerlo.
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