Hace unos días tuve una entrevista de evaluación con un aspirante a mi mentoría desde España.
Al comenzar la videollamada noté algo que me llamó la atención.
No estaba solo.
A su lado estaba su esposa, que cómo habíamos acordado estaría en la entrevista.
Y, de vez en cuando, aparecía también su pequeño hijo, curioso por descubrir qué hacían sus padres hablando sobre gráficos, mercados financieros y trading.
Durante toda la conversación hubo algo que me transmitió tranquilidad.
No era únicamente un hombre interesado en aprender a operar.
Era una familia que quería entender el proyecto en el que él estaba a punto de embarcarse.
Su esposa hacía preguntas.
Comentaba algunas inquietudes.
Escuchaba con atención.
Incluso el pequeño observaba la conversación con esa curiosidad tan natural que tienen los niños cuando sienten que algo importante está ocurriendo.
Cuando terminó la entrevista pensé que, independientemente de si finalmente decidía iniciar la mentoría, ya había dado un paso muy importante.
No estaba construyendo ese proyecto solo.
Lo estaba haciendo acompañado.
Y esa escena me hizo recordar otra entrevista, completamente distinta, que tuve hace algunos años.
Un aspirante me explicó que llevaba tiempo interesado en aprender trading y que quería comenzar la mentoría cuanto antes.
Todo parecía avanzar con normalidad hasta que me dijo algo que me dejó pensando.
“Solo hay un pequeño inconveniente. Tendríamos que programar las sesiones cuando mi esposa no esté en casa.”
Le pregunté por qué.
Su respuesta fue muy sincera.
Ella no aprobaba que hiciera trading.
Así que había decidido aprender a escondidas.
Recuerdo que durante unos segundos pensé más como mentor que como trader.
Y le respondí que, en esas condiciones, prefería no comenzar la mentoría.
No porque dudara de su compromiso.
Todo lo contrario.
Se notaba que tenía muchas ganas de aprender.
Pero porque sentía que ese camino empezaba sobre una base demasiado frágil.
El problema nunca fue el trading
Con los años he descubierto que muchas personas creen que el trading genera conflictos familiares.
Yo no estoy tan seguro.
Creo que, muchas veces, el conflicto ya existía.
El trading simplemente lo hace visible.
Cuando una pareja no comparte información sobre el dinero, cuando una decisión importante se toma en secreto o cuando uno de los dos siente que debe ocultar algo para evitar una discusión, el problema rara vez son los mercados financieros.
El problema es la falta de confianza.
Y ningún proyecto importante suele construirse desde ahí.
Un negocio también afecta a la familia
Cuando decidí emprender también hubo momentos de incertidumbre.
Como empresario aprendí que las decisiones económicas nunca afectan únicamente a quien las toma.
También afectan a las personas que comparten la vida con nosotros.
Si invertimos tiempo, dinero o energía en un proyecto, nuestra familia también vivirá las consecuencias.
Por eso siempre he pensado que quienes nos rodean merecen conocer aquello en lo que estamos trabajando.
No porque necesitemos pedir permiso para perseguir nuestros sueños.
Sino porque construir juntos suele ser mucho más sólido que hacerlo en silencio.
El trading también entra en casa
Hay quienes ven el trading como una actividad individual.
Yo nunca lo he visto así.
Aunque solo una persona pulse el botón de comprar o vender, las emociones terminan llegando al hogar.
Una buena racha cambia el estado de ánimo.
Una pérdida importante también.
Las horas de estudio.
El tiempo dedicado al análisis.
Las conversaciones.
Todo eso forma parte de la vida familiar.
Por eso me cuesta creer que alguien pueda separar completamente el trading de las personas con las que comparte su vida.
La tranquilidad también tiene un valor
Este aspirante que quería esconder las sesiones probablemente pensaba que estaba evitando un problema.
Quizá creía que, si conseguía resultados, más adelante sería más fácil explicarlo.
No lo juzgué.
Entendía perfectamente su intención.
Pero también sabía que operar con el peso de un secreto encima podía añadir una presión innecesaria.
El trading ya exige suficiente fortaleza emocional como para añadirle otra carga.
No necesitamos operar pensando únicamente en el mercado.
Mucho menos pensando en qué explicación tendremos que dar cuando llegue la siguiente videollamada.
El mejor escenario posible
Por eso la entrevista de esta semana me dejó una sensación tan positiva.
No porque la esposa estuviera presente.
Ni porque el hijo apareciera en algunos momentos.
Sino porque vi algo mucho más importante.
Vi un proyecto compartido.
No significa que todos los miembros de una familia tengan que aprender análisis técnico.
Ni que todos deban apasionarse por los mercados financieros.
Significa simplemente que entienden hacia dónde quiere caminar la persona que tienen al lado.
Y eso cambia muchas cosas.
También ocurre en el deporte
El tenis me enseñó una lección parecida.
Cuando me preparaba para un torneo importante, dedicaba muchas horas a entrenar.
Eso también afectaba mi rutina.
Mi descanso.
Mis horarios.
Si las personas cercanas entendían por qué lo hacía, todo resultaba mucho más sencillo.
No porque el entrenamiento sea menos exigente.
Sino porque deja de convertirse en un motivo constante de conflicto.
Creo que con el trading sucede exactamente igual.
Una reflexión importante
Aquellas dos entrevistas ocurrieron con varios años de diferencia.
Sin embargo, al hablar de una, inevitablemente aparece la otra.
Porque representan dos formas completamente distintas de afrontar un mismo proyecto.
Una desde la transparencia.
Otra desde el secreto.
Y con el paso del tiempo he llegado a una conclusión muy sencilla.
El trading no necesita convertirse en un tema de conversación permanente dentro de una familia.
Pero tampoco debería convertirse en un secreto.
Si la persona con la que compartes tu vida no entiende por qué haces trading, quizá la primera operación que deberías abrir no esté en el mercado.
Quizá sea una conversación sincera.
Porque las mejores decisiones financieras rara vez empiezan delante de un gráfico.
Muchas veces empiezan alrededor de una mesa, hablando con quienes caminarán a nuestro lado cuando lleguen tanto las ganancias como las dificultades.
Al final, después de acompañar a tantos traders, he descubierto que la consistencia no solo depende de una buena estrategia o de una correcta gestión del riesgo.
También depende de la tranquilidad con la que somos capaces de sentarnos frente al mercado.
Y esa tranquilidad es mucho más fácil de encontrar cuando las personas más importantes de nuestra vida conocen el camino que hemos decidido recorrer y sienten que forman parte de él, en lugar de descubrirlo cuando ya es demasiado tarde.
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