¿Cuándo viviré del trading? Quizá esa no sea la pregunta correcta

Hace unos días terminé una sesión con uno de mis estudiantes y, al despedirnos, recordé la conversación que habíamos tenido el primer día de mentoría.

En aquel momento me dijo algo que escucho con mucha frecuencia.

“John, siento que debo operar todos los días. Si no opero, siento que estoy perdiendo oportunidades”.

También quería seguir varios mercados al mismo tiempo.

Pensaba que cuantos más gráficos analizara, mayores serían las probabilidades de ganar dinero.

Y, sobre todo, tenía una enorme urgencia por obtener resultados.

No era una persona impaciente por naturaleza.

Simplemente había aprendido que el trading consistía en encontrar la mayor cantidad posible de operaciones.

Eso era lo que le habían enseñado.

Con el paso de las semanas descubrimos que el problema no era su disciplina.

Tampoco su capacidad para analizar el mercado.

El verdadero problema era que estaba intentando llegar muy rápido a un lugar cuya dirección ni siquiera tenía completamente clara.

Hoy, varios meses después, ese mismo estudiante opera mucho menos.

Analiza menos mercados.

Deja pasar muchas oportunidades.

Y, curiosamente, su cuenta está más sólida que nunca.

Cuando veo procesos como el suyo siempre recuerdo una frase que me ha acompañado durante años, y que recientemente volvió a mi a través de una publicación de un colega trader e inversionista muy conocido.

La brújula se inventó antes que el reloj, porque siempre fue más importante saber hacia dónde ir que el tiempo que puede tomar.

Creo que pocas ideas describen mejor el desarrollo de un trader.

La obsesión por llegar rápido

Vivimos en una época donde todo parece medirse por la velocidad.

Queremos resultados rápidos.

Aprender rápido.

Recuperar pérdidas rápidamente.

Vivir del trading cuanto antes.

Es comprensible.

Todos queremos avanzar.

El problema aparece cuando la velocidad empieza a ser más importante que la dirección.

Porque entonces dejamos de preguntarnos algo fundamental.

¿Estoy desarrollando las habilidades que realmente necesito?

O simplemente estoy intentando ganar dinero antes de estar preparado.

El error que veo recurrentemente

Después de acompañar a docenas de traders he descubierto un patrón.

Muchos no comienzan preguntándose:

—¿Qué necesito aprender para convertirme en un buen trader?

Empiezan preguntándose:

—¿Cuánto puedo ganar este mes?

Es una diferencia enorme.

La primera pregunta construye habilidades.

La segunda genera presión.

Y cuando aparece la presión, normalmente desaparece la paciencia.

También ocurre en el deporte

Volviendo como de costumbre al tenis, por supuesto que me enseñó algo parecido.

Nadie aprende a competir pensando únicamente en levantar un trofeo.

Primero desarrolla la derecha.

Después el revés.

El saque.

La volea.

La movilidad.

La resistencia.

La lectura del juego.

Durante mucho tiempo los resultados apenas cambian.

Pero las habilidades sí.

Y llega un momento en el que esas habilidades empiezan a reflejarse en el marcador.

Nunca ocurre al revés.

Nadie gana primero para después aprender a jugar.

En el trading sucede exactamente igual.

También lo viví como empresario

Cuando decidí emprender cometí un error que hoy veo con mucha claridad.

Al principio me preocupaba demasiado por los resultados inmediatos.

Con el tiempo entendí que los negocios más sólidos no se construyen persiguiendo únicamente ingresos.

Se construyen desarrollando capacidades.

Aprender a vender.

A comunicar.

A liderar.

A tomar decisiones.

Los ingresos terminaron siendo la consecuencia de esas habilidades.

No la causa.

Cada vez estoy más convencido de que el trading funciona de la misma manera.

El mercado recompensa habilidades, no la urgencia

Aquel estudiante llegó convencido de que debía aprovechar cada movimiento del mercado.

Sentía que dejar pasar una operación era perder dinero.

Hoy piensa completamente diferente.

Ahora entiende que una operación que no cumple su metodología no representa una oportunidad perdida.

Representa una decisión correctamente evitada.

Ese cambio parece pequeño.

Pero transforma por completo la manera de operar.

Porque deja de perseguir el mercado.

Y empieza a esperar que el mercado llegue hasta él.

Cambió su forma de medir el progreso

Hay algo que me llamó especialmente la atención durante las últimas semanas.

Antes solo se enfocaba en contarme cuánto había ganado o perdido.

Ahora las conversaciones son diferentes.

Me dice cosas como:

—Hoy respeté mi plan.

—Decidí no entrar porque la operación no cumplía mis criterios.

—Cerré la plataforma cuando entendí que ya no había oportunidades.

Es curioso.

Habla mucho menos de dinero.

Y mucho más de decisiones.

Y justamente por eso su cuenta ha empezado a crecer de forma mucho más estable.

La brújula antes que el reloj

Creo que esa antigua reflexión sigue teniendo mucho sentido.

Una brújula responde una pregunta fundamental.

¿Voy en la dirección correcta?

Un reloj responde otra completamente distinta.

¿Cuánto falta?

En el trading solemos obsesionarnos con el reloj.

¿Cuánto falta para vivir de esto?

¿Cuánto falta para recuperar las pérdidas?

¿Cuánto falta para duplicar la cuenta?

Pero muy pocas veces nos detenemos a revisar la brújula.

¿Estoy aprendiendo correctamente?

¿Estoy construyendo criterio?

¿Estoy desarrollando paciencia?

¿Estoy tomando mejores decisiones que hace seis meses?

Porque si la respuesta a esas preguntas es sí, probablemente el tiempo terminará jugando a tu favor.

Una conversación valiosa

Antes de terminar la sesión le pregunté a este estudiante qué era lo que más había cambiado durante el proceso.

Esperaba una respuesta relacionada con la metodología.

O con la gestión del riesgo.

Pero respondió algo mucho más sencillo.

—Ahora ya no siento la necesidad de demostrarme que puedo ganar dinero todos los días.

Quiero convertirme en un trader que pueda seguir operando dentro de diez años.

Creo que esa frase resume perfectamente el verdadero objetivo de cualquier proceso de aprendizaje.

No construir resultados rápidos.

Construir capacidades duraderas.

Una reflexión final

Vivimos rodeados de mensajes que nos prometen acelerar el camino.

Operar más.

Ganar más.

Recuperar más rápido.

Encontrar la estrategia definitiva.

Pero después de tantos años como trader, empresario y mentor, cada vez estoy más convencido de que las personas que alcanzan resultados extraordinarios suelen compartir una característica.

Dejan de obsesionarse con el tiempo.

Y empiezan a obsesionarse con la dirección.

Porque entienden que el verdadero patrimonio de un trader no es el saldo de su cuenta.

Son las habilidades que ha construido para llegar hasta allí.

Una cuenta puede perderse.

El mercado puede cambiar.

Incluso una mala racha puede aparecer cuando menos la esperas.

Pero una habilidad bien desarrollada permanece.

Y siempre ofrece la posibilidad de volver a empezar.

Quizá por eso la frase de la brújula y el reloj sigue pareciéndome tan poderosa.

Nos recuerda que avanzar rápido sirve de muy poco si caminamos hacia el lugar equivocado.

En cambio, cuando desarrollamos las habilidades correctas y construimos un proceso sólido, el tiempo deja de convertirse en un enemigo.

Se convierte en nuestro mejor aliado.

Porque el objetivo nunca fue llegar primero.

El objetivo siempre fue llegar preparado.

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