La habilidad mental que más transformó mi trading… y terminó cambiando mi vida

“Esta sí es la buena.”

“Ahora sí voy a recuperar todo lo que perdí.”

“No puedo volver a equivocarme.”

“Les voy a demostrar que el trading sí funciona.”

Si ya llevas algo de tiempo en el trading , estoy seguro de que ya te diste cuenta de que estas frases aparecen constantemente mientras estas en los mercados.

Y es que lo curioso es que estos pensamientos aparecen de forma automática.

Tu no los buscas.

Simplemente llegan.

Y entre más intentas hacerlos desaparecer, más fuerza parecen tomar.

Es como una bola de nieve.

Comienzan con un pensamiento pequeño, y pocos minutos después, ya tienes una conversación completa dentro de la cabeza.

Mientras el mercado se mueve, tu mente también lo hace.

Y normalmente más rápido.

Hasta que llega el momento en que ya no estás tomando decisiones sobre el mercado.

Estás reaccionando a tus propios pensamientos.

Seguro que sabes de lo que estoy hablando.

Uno entra al mercado con un plan.

Pero después aparecen el miedo, la ansiedad, las ganas de recuperar, la euforia y la necesidad de tener la razón.

Y sin darte cuenta, terminaste modificando el stop, cerrando antes de tiempo y entrando donde nunca habías planeado hacerlo.

Bueno, hoy quiero decirte que hace bastante tiempo encontré la forma de evitarlo, pero solo años después descubrí un concepto de la psicología que describía exactamente lo que había empezado a hacer de manera intuitiva: la disociación funcional, es decir, la capacidad de observar mis pensamientos sin dejar que ellos tomaran las decisiones por mí.

El día que entendí que mis pensamientos no eran órdenes

Uno de los conceptos que más ha transformado mi forma de operar es lo que se denomina disociación funcional.

Y no me refiero a desconectarme de la realidad.

Todo lo contrario.

Me refiero a desarrollar la capacidad de observar lo que está ocurriendo dentro de mi mente sin sentir la obligación de obedecerlo.

Parece una diferencia pequeña.

Pero cambió completamente mi manera de operar.

Porque entendí algo muy sencillo.

Pensar no significa que tenga que actuar.

Puedo pensar:

“Esta operación seguro va a perder.”

Y aun así ejecutar exactamente el plan que había definido.

Puedo pensar:

“Voy a recuperar todo en esta operación.”

Y decidir no aumentar el tamaño de la posición.

Puedo sentir miedo.

Y aun así respetar mi estrategia.

Durante bastante tiempo confundí pensamientos con realidad.

Ahora los veo simplemente como eventos mentales.

Aparecen.

Los observo.

Y continúo tomando decisiones desde mi plan.

El mismo aprendizaje me ocurrió en el deporte

Hay algo curioso.

Mucho antes de entender esto en el trading ya lo había vivido jugando tenis.

Antes de un partido importante también aparecían pensamientos.

“No puedo perder.”

“Hoy tengo que jugar perfecto.”

“Todos esperan que gane, el rival es fácil”

Si me identificaba con ellos, jugaba tenso, y los resultados no eran los mejores.

Pero cuando aprendía simplemente a reconocer que esos pensamientos estaban ahí, podía volver a concentrarme en lo único que realmente dependía de mí.

La siguiente bola.

No la anterior.

No el marcador.

No el resultado.

Solo la siguiente bola.

En el trading ocurre lo mismo.

No puedo controlar la siguiente vela.

Pero sí puedo controlar la calidad de mi próxima decisión.

También me ocurrió como empresario

Cuando emprendí, muchas veces tomé decisiones importantes con miedo.

Miedo a fracasar.

Miedo a perder dinero.

Miedo a equivocarme.

El miedo nunca desapareció.

Lo que cambió fue mi relación con él.

Aprendí que una emoción no necesariamente tiene que dirigir una decisión.

Y esa idea terminó impactando también mi trading.

Porque muchas veces el problema no es sentir ansiedad.

El problema es creer que, por sentir ansiedad, debemos hacer algo inmediatamente.

Dejar de luchar también es una estrategia

Una de las cosas más agotadoras que hacía era intentar no pensar.

Decirme:

“No pienses en perder.”

“No tengas miedo.”

“No dudes.”

Curiosamente eso solo hacía que esos pensamientos aparecieran con más frecuencia.

Con el tiempo entendí que la mente funciona de otra manera.

Mientras más luchamos contra un pensamiento, más atención le damos.

Y mientras más atención recibe, más importante parece.

Hoy hago algo diferente.

Cuando aparece uno de esos pensamientos simplemente lo reconozco.

“Ahí está otra vez mi mente intentando protegerme.”

Y vuelvo al gráfico.

Vuelvo a mi plan.

Vuelvo al proceso.

No necesito ganar la discusión con mi mente.

Solo necesito seguir ejecutando correctamente.

La verdadera disciplina

Muchas personas creen que la disciplina consiste en no sentir miedo.

Yo no lo veo así.

Para mí la disciplina consiste en actuar correctamente incluso cuando el miedo está presente.

Eso cambia completamente la perspectiva.

Porque deja de ser una lucha emocional.

Y se convierte en una decisión consciente.

La diferencia entre reaccionar y responder

Con el tiempo descubrí que muchas pérdidas importantes no habían ocurrido porque el mercado fuera impredecible.

Habían ocurrido porque reaccioné.

Reaccioné al miedo.

A la frustración.

A la euforia.

A las ganas de recuperar.

Hoy hago algo diferente.

Responder.

Pero responder desde el plan.

Desde el análisis.

Desde el proceso.

La diferencia es enorme.

Porque antes mis pensamientos dirigían mi trading.

Ahora simplemente forman parte del paisaje.

Una reflexión final

Si hoy pudiera darte un consejo, no te recomendaría un indicador nuevo.

Ni una estrategia diferente.

te diría algo mucho más sencillo.

No luches contra tu mente.

Aprende a observarla.

Tus pensamientos seguirán apareciendo.

El miedo también.

La incertidumbre nunca desaparecerá del mercado.

Pero cuando entiendes que un pensamiento no es una orden y que una emoción no tiene por qué convertirse en una acción, empiezas a recuperar algo que ningún indicador puede darte.

La claridad para decidir.

Y con el tiempo descubrirás que esa claridad vale mucho más que cualquier estrategia.

Porque las mejores decisiones que he tomado en el trading no nacieron cuando conseguí dejar de pensar.

Nacieron cuando aprendí que podía seguir adelante sin creer todo lo que mi mente me decía.

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